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Le pedimos a ingenieros estructurales que evaluaran 1.035 viviendas en barrios informales. Entrenamos un modelo de IA con 11.000 fotografías para hacer lo mismo. Y después le preguntamos a las familias cómo se sentían con su casa.

El resultado me obligó a replantear una intuición que tenía desde hace años.

La calidad objetiva de la vivienda — la que ven los ingenieros y la IA — apenas predice el bienestar familiar.

La calidad percibida — cómo la familia se siente con su casa — lo predice todo: → Salud mental → Salud física → Armonía familiar → Empoderamiento económico → Reducción de violencia intrafamiliar

El hallazgo técnico es aún más provocador: una desviación estándar de mejora en calidad objetiva interior se traduce apenas en 4% más en renta de alquiler. Cuando controlamos por amenidades visibles (techo de fibrocemento, piso en cerámica, gas natural), el efecto desaparece.

Lo que el mercado valora es lo observable. Lo que las familias valoran es lo que sienten.

Hay una lección para quienes diseñamos programas de vivienda: si solo medimos lo que los ingenieros ven, podemos entregar casas “de calidad” que no cambian vidas.

Autoría: Gustavo García, @Albert Saiz (MIT), Juan Carlos Muñoz-Mora, Juliana Lalinde-Velásquez, Daniela Mejía-Tejada. En camino a revista de la American Economic Association.

Anécdota metodológica: este estudio existió porque durante años no se pudo entrar a los barrios por la violencia. Trabajamos con organizaciones religiosas y civiles locales para acceder de forma segura. La inseguridad territorial se volvió una ventana de investigación.

— 📄 Working paper: https://lnkd.in/eAeUjUTk 🏛️ @Valor Público 🏢 @Cementos Argos

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