En Colombia, 1 de cada 4 hogares enfrenta simultáneamente inseguridad alimentaria y déficit cualitativo de vivienda.
Tradicionalmente los tratamos como problemas separados: el Ministerio de Vivienda para uno, programas de seguridad alimentaria para el otro.
Nuestro hallazgo sugiere que no son problemas separados.
Usando un diseño cuasi-experimental (diferencias-en-diferencias con PSM), evaluamos si las mejoras en cocina, baño y pisos de Hogares Saludables — sin ningún componente nutricional directo — afectaban la seguridad alimentaria del hogar.
Construimos un Índice Latente de Seguridad Alimentaria con Teoría de Respuesta al Ítem (Partial Credit Model) a partir de encuestas sobre acceso, estrategias de afrontamiento y experiencia vivida.
Resultado: las familias tratadas mejoraron en 9,4 puntos porcentuales (0,43 desviaciones estándar) — un efecto moderado pero robusto.
Lo que más me interesa no es la magnitud. Es el contrafactual.
El grupo de control se deterioró durante el periodo del estudio. Una cocina nueva no solo mejoró la seguridad alimentaria de quienes la recibieron: les dio resiliencia frente a choques económicos que golpearon a quienes no.
Los canales son plausibles: almacenamiento seguro, higiene, reducción de estrés crónico, menor exposición a patógenos.
Autoría: @Ana Maria Arcila Agudelo, @Ana Sofia Herazo, @Daniela Mejía Tejada y @Juan Carlos Munoz Mora.
Para quien diseña política social en América Latina: la infraestructura del hogar es una palanca no-monetaria de seguridad alimentaria. No reemplaza las transferencias. Las complementa.
— 📄 Working paper en preparación — disponible en los próximos meses 📋 Registro del RCT: https://lnkd.in/ePRgZFMJ 🏛️ @Valor Público 🏢 @Cementos Argos
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